
La alarma sonó a las 5:45 de la mañana y, por un segundo, el peso del edredón me pareció más infranqueable que cualquier desnivel positivo. Mientras esperaba que el café terminara de gotear en la cocina de mi casa en Ambato, miré mis zapatos de trail llenos de polvo seco de la semana pasada. No era cansancio físico; mis piernas estaban recuperadas de los entrenamientos de velocidad del martes. Era esa niebla mental, esa resistencia sorda que me venía persiguiendo desde principios de año, lo que me hacía dudar de si realmente quería salir a las faldas del volcán hoy.
Antes de seguir, una pequeña aclaración: en este cuaderno comparto enlaces de afiliado. Si decides comprar algún programa a través de ellos, Hotmart me da una comisión del 36% por la venta, lo que me ayuda a mantener este espacio, sin que a ti te cueste ni un centavo más. Escribo sobre herramientas como el curso Entrenamiento Mental Para Deportistas porque son las que yo misma pagué y estoy probando en mis rutas reales. Eso sí, soy UX writer, no psicóloga ni profesional de la salud. Si sientes que tu desmotivación es algo más profundo que un bache deportivo, por favor busca a un profesional de salud mental.
La meditación no es quedarse quieta (y menos en la montaña)
Cuando empecé este diario a inicios de 2026, venía de tres meses donde completaba mis rutas solo por cumplir. Corría, pero mi cabeza estaba en otro lado: en los pendientes de los clientes, en la lista de compras, en lo mucho que me faltaba para llegar a la cima. Había intentado la atención plena tradicional, sentada en un cojín, pero para alguien con una mente inquieta (o incluso con rasgos de TDAH), el silencio absoluto es una invitación a la hipoestimulación. Mi cerebro simplemente se aburre y se apaga.
Fue a fines de febrero cuando entendí, gracias a las primeras lecciones del curso, que para nosotros los corredores, la meditación es un proceso activo. El volcán Tungurahua, con sus 5023 metros de altitud vigilando el horizonte, no perdona las distracciones. Si mi mente divaga demasiado, el terreno técnico se encarga de recordármelo con un tropiezo. Aprendí que meditar en ruta larga no es poner la mente en blanco, sino gestionar el diálogo interno mientras esquivas raíces y piedras sueltas.
Semana de abril: El fracaso de la visualización profunda
Durante las primeras tiradas largas de abril, traté de aplicar una técnica de visualización profunda que había leído en un blog genérico. Intenté imaginarme flotando sobre el sendero, visualizando mi llegada a la meta de una de mis tres medias maratones (exactamente 21.0975 kilómetros de esfuerzo). Fue un desastre. Estaba en un descenso técnico, de esos donde la propiocepción es lo único que te mantiene en pie, y por cerrar demasiado el foco interno, casi tropiezo con una piedra grande. Mi corazón se disparó, no por el esfuerzo, sino por el susto de casi terminar en el suelo.
Ahí comprendí una lección valiosa: la meditación en el trail debe ser sensorial y externa antes que interna. No puedo abstraerme del mundo; debo fundirme con él. Empecé a usar el olor a azufre tenue del volcán mezclado con el aroma de la chuquiragua como un anclaje. Cuando sentía que mi mente empezaba a quejarse por la pendiente, inhalaba profundo ese aire frío del amanecer y me obligaba a notar cómo el sudor se enfriaba en mi nuca. Ese contacto con el presente, sin juzgarlo, es lo que realmente me permitió empezar a alcanzar el estado de flow corriendo por senderos de montaña.
El escaneo corporal en movimiento
Una de las herramientas del curso Entrenamiento Mental Para Deportistas que sí me funcionó de inmediato fue el escaneo corporal dinámico. En lugar de hacerlo acostada, lo hago cada 20 minutos de carrera. A mediados de mayo, en una ruta de tres horas, noté algo revelador: mi mandíbula. Gracias a un ejercicio de conciencia, detecté que la llevaba apretada, con una tensión absurda, durante kilómetros. Al relajarla conscientemente, sentí cómo mis hombros bajaban y mi respiración se volvía más eficiente. Es increíble cómo un pequeño ajuste mental puede liberar energía física que dabas por perdida.
Junio y la aceptación de la lentitud
Hace un par de semanas, el clima en Ambato estaba particularmente gris. La llovizna andina calaba los huesos y la subida se sentía más pesada que de costumbre. Mi diálogo interno empezó con el sabotaje habitual: "Estás yendo muy lento", "Hoy no tienes fuerza", "Mejor regrésate". En ese momento, recordé una frase de mis notas: 'No es el volcán el que es empinado, es mi resistencia a aceptar que hoy voy más lento de lo que planeé'.
Aceptar la lentitud como parte del proceso es una forma de meditación. Dejé de mirar el reloj. Dejé de comparar mi ritmo actual con mis mejores marcas en asfalto. Me enfoqué únicamente en el sonido de mis pisadas sobre la tierra húmeda. Al quitarle el juicio al ritmo, el sufrimiento desapareció. Seguía cansada, sí, pero ya no estaba sufriendo. Esta distinción es la que te permite superar el muro psicológico en el running de montaña sin necesidad de heroísmos, solo con observación desapegada.
¿Vale la pena invertir en entrenamiento mental?
Muchos amigos corredores se gastan cientos de dólares en el último modelo de zapatos con placa de carbono, pero se desesperan si una sesión de series no sale perfecta. Yo misma era así. Pero tras ver que el programa que elegí tiene una valoración de 5.0 en Hotmart, entendí que no soy la única amateur buscando respuestas fuera de los vatios o las pulsaciones. Mi progreso con el curso de entrenamiento mental ha sido más lento que mi mejora en fuerza, pero mucho más sostenible.
Si sientes que tus piernas están listas pero tu cabeza te frena, quizás es momento de dejar de entrenar solo el corazón y empezar a entrenar el foco. A veces, la fatiga mental viene de una mala base física, y para eso me ha servido echarle un ojo al Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva, que ayuda a descartar que esa "niebla" sea simplemente falta de glucógeno o deshidratación en altitud.
Reflexiones finales desde el diario
Hoy es 22 de julio de 2026 y, aunque todavía tengo días en los que la alarma me parece un insulto, la diferencia es que ahora tengo herramientas. El entrenamiento mental es tan sistemático como el de series: se practica, se falla, se ajusta y se vuelve a intentar. No esperes una iluminación mística en medio del páramo; espera momentos pequeños de claridad donde decides no pelear contra la montaña, sino simplemente estar en ella.
Si estás en ese punto donde correr se siente como una tarea más de tu lista de pendientes, te recomiendo mucho que revises el programa de Entrenamiento Mental Para Deportistas. No te va a hacer más rápida por arte de magia, pero te va a devolver la capacidad de disfrutar del proceso, incluso cuando la cuesta se pone empinada y el aire empieza a escasear. Nos vemos en los senderos.