Cuaderno de Rendimiento

Preparación mental para subidas exigentes en rutas de trail running

2026.07.31
Preparación mental para subidas exigentes de trail running en los senderos del Tungurahua, cerca de la Laguna de Pisayambo

El mito de las afirmaciones en el entrenamiento mental para subidas

La tierra volcánica cambia de sonido apenas el sendero se empina hacia la Laguna de Pisayambo: pasa de un crujido seco a algo más blando, casi húmedo, bajo la zapatilla. Ese cambio de textura es, para mí, la señal de que empieza la parte difícil de cualquier salida de trail running en el Tungurahua, y también el momento donde más se repite un mito dentro de la psicología deportiva amateur: que decir una frase motivadora en voz alta, antes o durante la subida, te prepara mentalmente para lo que viene. Probé eso durante el calentamiento más de una vez, repitiendo afirmaciones sin entender realmente para qué servían, y lo único que conseguí fue quedarme sin aire un poco antes de lo normal.

El entrenamiento mental para subidas exigentes no funciona así. Una frase repetida de memoria no cambia la señal que el cuerpo manda cuando el terreno se pone cuesta arriba, y tratarla como un interruptor mágico es, sospecho, la razón por la que tanta gente abandona la técnica a la primera cuesta larga. La corrección no es dejar de prepararse mentalmente — es dejar de confundir preparación con recitar algo.

Zapatillas de trail running sobre tierra volcánica húmeda en un sendero hacia la Laguna de Pisayambo, Tungurahua

Cómo una frase no cambia nada a mitad de la cuesta

Una afirmación es lenguaje consciente. La reacción que aparece cuando la pendiente se pone dura — el impulso de aflojar el paso, de buscar una excusa para caminar — no nace en esa misma parte de la cabeza. Por eso una frase bonita dicha antes de salir se disuelve tan rápido: para cuando el cuerpo empieza a negociar, la mente ya está en otro proceso, uno que no atiende a razones bonitas sino a señales físicas inmediatas.

Esto no es lo mismo que el diálogo interno que se arma en un tramo técnico, ni la ansiedad que aparece antes de la salida de una media maratón, ni el muro que golpea en el kilómetro final de una carrera larga — se parecen por fuera, pero cada uno responde a un mecanismo distinto. Tampoco es la fatiga física de las piernas, que funciona distinto al cansancio de la cabeza, ni la falta de motivación que algunos días hace que ni siquiera quieras calzarte las zapatillas.

Lo noté con más claridad subiendo hacia Pisayambo un día en que el oxígeno se sentía más corto de lo normal: repetí la frase que había memorizado, dos, tres veces, y el cuerpo siguió pidiendo que me detuviera exactamente igual. Lo que sí cambió algo fue dejar de hablarme y empezar a mirar.

Sendero empinado de montaña rumbo a la Laguna de Pisayambo, desapareciendo entre la neblina andina del Tungurahua

La mente ya decide antes de que tú te des cuenta

Hay un desvío en uno de los senderos cerca de Pisayambo que tomé una vez sin darme cuenta de que lo había decidido — cuando reparé en que iba por el camino más corto, ya llevaba varios metros subiendo por él, y no recordaba el instante exacto en que mis pies eligieron esa vía en lugar de la otra. Si la mente puede decidir algo así sin pedirme permiso, ¿qué le hace pensar a nadie que una frase dicha en voz alta durante el calentamiento va a controlar lo que pasa veinte minutos después, en medio del esfuerzo?

Margarita, que corre estos senderos desde hace mucho más tiempo que yo y siempre llega al punto de encuentro a la hora exacta que quedamos, con lluvia o sin ella, me lo explicó de un modo más simple la primera vez que subimos juntas: la cabeza no se convence con palabras, se acostumbra con la repetición de la situación real. Y eso no tiene nada que ver con compararme con otras corredoras que veo subir montañas más altas en redes, ni con el cansancio que arrastro del trabajo de escritorio hasta la zapatilla, ni con el miedo puntual de encontrarme sola en un sendero al anochecer.

Roca volcánica junto al sendero de trail running en las faldas del Tungurahua, usada como punto de referencia visual durante una subida exigente

Entrena la reacción, no el discurso

Si una afirmación no funciona porque llega demasiado tarde, la alternativa es preparar la reacción concreta para el momento exacto en que el cuerpo empieza a negociar — no una frase, sino una acción pequeña y específica: contar los siguientes veinte pasos, fijar la vista en una piedra puntual del sendero, ajustar la respiración a un ritmo de pasos determinado. Nada de esto requiere convencerse de nada. Solo requiere tener la acción lista antes de que aparezca la señal de aflojar.

Le conté esto a Nathaly hace poco — ella no corre, pero entiende perfectamente el problema de seguir entrenando algo cuando ya no recuerdas para qué lo hacías — y su comentario me pareció más certero que cualquier curso: dijo que sonaba menos a motivarse y más a tener un plan B automático. Tampoco es la rutina de enfoque que algunos arman antes de salir a correr, ni el estado de flow que a veces aparece en un buen día de sendero técnico; esos dos se entrenan aparte, con su propia lógica. Y la altura de Pisayambo mete su propia cuota de cansancio mental, distinta del foco que exige no resbalar en una bajada técnica, ni una ni otra se resuelven visualizando la cima antes de salir de casa.

Cuaderno de entrenamiento con anotaciones sobre preparación mental y trail running en Ambato, Tungurahua

Una regla simple para la próxima subida exigente

La próxima vez que el sendero se ponga difícil, en vez de buscar una frase, elige de antemano una acción de tres o cuatro pasos que puedas ejecutar sin pensar cuando la pendiente aumente: mirar un punto fijo, contar la respiración, o marcar el siguiente hito visual del camino. Esa es la diferencia entre prepararse mentalmente de verdad y solo sentir que lo estás haciendo.

Nada de esto sustituye entender por qué el trail running desgasta la cabeza distinto que correr en pista, ni por qué a veces conviene revisar los beneficios de correr solo en montaña para fortalecer la mente en lugar de entrenar siempre acompañada — son piezas del mismo rompecabezas, apenas mencionadas aquí. Cuando tuve que recuperar la fuerza mental después de una media maratón muy exigente, la lección fue parecida: la cabeza no responde a discursos, responde a lo que le das para hacer en el momento exacto en que empieza a negociar.

Importante: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.