
La pantalla de mi laptop proyecta un brillo azulado que se siente como lija en los ojos. Son pasadas las diez de la noche en Ambato y estoy terminando de revisar el microcopy para un flujo de pago de un cliente en Argentina. Mis piernas tiemblan debajo del escritorio; hoy subí por el sector de Pondoa y los cuádriceps me pasan la factura. Pero lo que me asusta no es el dolor físico, sino esa sensación de que mi cerebro se ha quedado sin combustible. No es falta de sueño, es esa fatiga cognitiva que te hace dudar si un botón debería decir 'Pagar ahora' o 'Finalizar compra', el mismo tipo de duda que me asalta cuando estoy a 3500 metros de altitud frente a una bajada técnica y no sé dónde poner el pie.
Antes de seguir, quiero ser clara: en este cuaderno comparto mi experiencia personal y hay enlaces de afiliado. Si decides comprar un programa a través de ellos, Hotmart me da una comisión, pero a ti te cuesta exactamente lo mismo. Escribo sobre cursos que yo misma pagué y que he integrado en mis semanas de entrenamiento. Pero ojo: no soy psicóloga ni entrenadora. Si lo que sientes es una tristeza profunda que no se va o ansiedad constante, por favor, busca a un profesional de la salud mental. Un curso online es una herramienta para el rendimiento, no una terapia.
El agotamiento que no se cura durmiendo
Hace unos seis meses, a principios de 2026, me di cuenta de que algo no encajaba. Llevaba tres meses completando mis rutinas, cumpliendo con los kilómetros y los desniveles, pero no disfrutaba nada. El volcán Tungurahua estaba ahí, majestuoso con sus 5023 metros de altitud, y yo solo podía pensar en cuándo se acabaría la sesión. Como freelance, mi carga de trabajo es errática. Hay semanas de silencio y semanas donde los diez principios de usabilidad de Nielsen parecen perseguirme hasta en sueños.
Cometí el error de principiante: pensé que era algo físico. Gasté dinero en un Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva pensando que mi falta de ganas era anemia o falta de glucógeno. El curso es excelente para entender la fisiología y cómo comer para no 'fundirse' en una carrera, pero mi problema no estaba en el estómago. Estaba en la cabeza. La fatiga mental del trabajo creativo extremo estaba drenando mi capacidad de recuperación física. Mi cerebro no distinguía entre el estrés de un deadline y el estrés de una pendiente del 20%.
Semana 3 - Feb 17: El crujido de la ceniza
Ese martes, la alarma sonó temprano. Salí al sendero cuando el aire todavía estaba gélido y la llovizna andina me empapaba la cara. Recuerdo el sonido exacto: el crujido de la ceniza volcánica bajo mis zapatillas en el silencio total de la montaña antes de que salga el sol. En ese momento, mi mente empezó a sabotearme. 'Tienes tres entregas hoy', 'no vas a avanzar a terminar', 'mejor regresa y toma un café'.
Fue cuando empecé a aplicar lo que estaba aprendiendo en el programa Entrenamiento Mental Para Deportistas. En lugar de pelear con la voz, empecé a usar el anclaje sensorial. Me enfoqué solo en el sonido de la ceniza. Ni en el trabajo, ni en los kilómetros que faltaban para completar los 21.0975 kilómetros de una media maratón teórica. Solo el crujido. Ese pequeño cambio de enfoque me permitió terminar la sesión sin el peso emocional de la culpa por no estar trabajando.
He aprendido que para nosotros, los que trabajamos por cuenta propia, el entrenamiento no es solo 'descanso activo', es una gestión de la carga cognitiva. Si gasto toda mi energía mental decidiendo palabras para una interfaz, llego a la montaña con los 'fusibles' quemados. El curso de rendimiento mental me enseñó que la concentración se entrena igual que las series de velocidad.
Mayo y el pico de entregas: La tensión en los hombros
Durante un pico de entregas en mayo, noté algo curioso. Hay una tensión exacta en los hombros que aparece en dos momentos muy distintos: cuando dudo de un paso en una bajada técnica llena de raíces y cuando dudo de una palabra en un botón de pago importante. Es la misma respuesta física al miedo al error.
En el trail running, esa duda te puede costar un tobillo. En el UX writing, te puede costar una conversión baja para el cliente. Usar técnicas de visualización para corredores de montaña en terrenos difíciles me ayudó inesperadamente en mi escritorio. Empecé a visualizar el flujo del usuario como si fuera un sendero. Si el sendero está bloqueado por una rama (un texto confuso), el usuario se detiene. Esta analogía me permitió bajar mis niveles de ansiedad y, por ende, llegar al fin de semana con menos agotamiento acumulado.
A veces, cuando la rutina se vuelve demasiado pesada, he considerado opciones como Summer Fitness para romper la monotonía con algo más estructurado y corto, pero siempre vuelvo a mi diario y a mis ejercicios de visualización. No se trata de hacer más, sino de procesar mejor lo que ya hacemos.
Un sábado de mucha neblina en el volcán
Tras las primeras tres semanas de ejercicios constantes de diálogo interno, me encontré en un sábado de mucha neblina. No se veía a tres metros. En otro momento, me habría dado la vuelta. Pero recordé una de las lecciones sobre el control de lo que es controlable. No puedo controlar la neblina del Tungurahua, ni puedo controlar si un cliente decide cambiar el alcance del proyecto a última hora. Solo puedo controlar mi reacción y mi próximo paso.
Para llevar un registro de esto, uso una versión adaptada de las herramientas que vienen en el Kit de Plantillas para Entrenadores Personales. Aunque están pensadas para coaches, me sirven para anotar no solo mis pulsaciones o el ritmo, sino mi nivel de 'ruido mental' antes y después de correr. Es revelador ver cómo mis mejores días de redacción creativa suelen venir después de las mañanas donde logré silenciar a la criticona interna en el sendero.
Si sientes que estás en ese punto donde superar el muro psicológico se siente más difícil que subir una cuesta de 45 grados, quizás es momento de dejar de mirar las zapatillas y empezar a mirar qué está pasando por tu cabeza. No es magia, es práctica. Y como todo freelancer sabe, la autodisciplina es nuestra mejor herramienta, tanto en la oficina como en la montaña.
Hoy, mientras cierro mi cuaderno de entrenamiento sobre la mesa de la cocina en Ambato, entiendo que no corro para escapar del trabajo, ni trabajo para pagar mis carreras. Ambos son parte de un mismo sistema. Entrenar mi mente con Entrenamiento Mental Para Deportistas me ha devuelto el placer de sentir el aire frío de la mañana sin la carga de los pendientes. Soy una amateur, voy despacio, pero mi cabeza ahora va al mismo ritmo que mis piernas, y eso, en las faldas de un volcán, lo es todo.
Si estás pasando por una racha donde la montaña se siente más como una obligación que como un refugio, te invito a revisar cómo estás gestionando tu energía mental. A veces, la respuesta no está en correr más kilómetros, sino en aprender a estar presente en cada uno de ellos. Si te interesa profundizar en cómo nutrir también esa claridad, te recomiendo leer sobre nutrición para la claridad mental, algo que aprendí después de mi pequeño desvío buscando soluciones físicas a problemas de enfoque.