
Me quedé mirando esa raíz de pino expuesta, retorcida y húmeda por la llovizna andina, durante lo que parecieron minutos aunque apenas fueron segundos. Estaba en una de las laderas bajas del volcán Tungurahua, a unos metros de un sendero que he recorrido cientos de veces en los últimos cinco años. Mis piernas estaban bien; no sentía ese ácido láctico quemando los cuádriceps, pero mi cabeza estaba en blanco. No podía decidir si saltar, rodearla por la izquierda o apoyar el talón sobre la corteza resbalosa. Era un vacío mental absoluto, una desconexión entre mis ojos y mi capacidad de reacción que me dejó clavada en el sitio mientras el aire frío del amanecer me golpeaba la cara.
Esa mañana de finales del año pasado fue el detonante. Como freelance que pasa horas frente a la pantalla en Ambato, estoy acostumbrada a la fatiga mental del trabajo, pero esto era distinto. Era una bruma que aparecía justo cuando el terreno se ponía técnico. Después de correr tres medias maratones desde 2023 (esos exactos 21.0975 kilómetros que antes me parecían una cifra astronómica), pensaba que mi problema era puramente de motivación o de "falta de huevos", como dicen algunos. Pero empecé a sospechar que mi cerebro simplemente se quedaba sin combustible antes que mis músculos.
Aclaración antes de seguir: en este cuaderno comparto enlaces de afiliado. Si decides inscribirte en algún programa a través de ellos, Hotmart me da una pequeña comisión sin que a ti te cueste ni un centavo más. Yo solo escribo sobre los cursos que yo misma he pagado y probado en mis rutas reales. Nota importante: no soy nutricionista ni profesional de la salud. Si sientes que tu falta de energía es algo crónico o te genera ansiedad fuera de los senderos, por favor consulta con un médico o un psicólogo, no busques la solución solo en un curso online.
El descubrimiento: el cerebro también consume glucógeno
A mediados de abril, después de varias semanas de sentirme como una extraña en mis propios pies, decidí que necesitaba una base física más sólida. Había estado tomando cursos de rendimiento mental, pero sentía que intentaba instalar un software avanzado en un hardware que no tenía batería. Fue cuando encontré el Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva. Lo que me llamó la atención no fueron las promesas de ser élite (que claramente no soy), sino las 35 reseñas con un promedio de 4.4 estrellas de gente que parecía tan normal como yo.
En las primeras lecciones entendí algo que cambió mi perspectiva: el cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía total de nuestro cuerpo. En un terreno técnico, donde la propiocepción y la toma de decisiones son constantes, esa demanda se dispara. Si mi glucosa en sangre estaba en una montaña rusa por desayunos mal planificados, mi agudeza mental sería la primera en caer. Me di cuenta de que mi "bloqueo psicológico" era, en gran parte, una respuesta fisiológica a la hipoglucemia leve que afectaba mi coordinación antes de que mis piernas dieran señales de cansancio.
La técnica de estabilización: adiós a los carbohidratos simples antes de la técnica
Aquí es donde mi experiencia contradice un poco el consejo genérico de "come azúcar para tener energía". Una de las cosas que aprendí y puse en práctica es que evitar los carbohidratos simples justo antes de una sección técnica de alta montaña puede mejorar la agudeza mental. ¿Por qué? Porque al no provocar un pico masivo de insulina, obligas al cerebro a mantener una fuente de energía más estable, utilizando mejor las reservas o carbohidratos de absorción lenta.
Recuerdo un sábado por la mañana, hace unos meses, intentando un descenso rápido por un arenal del volcán. En lugar del gel ultra-azucarado que solía tomarme 15 minutos antes, probé con una carga más compleja y estable un par de horas antes, siguiendo las pautas del curso. La diferencia fue sutil pero real. Ya no aparecía ese sabor metálico en la boca y el zumbido leve en los oídos justo antes de perder la línea de trazada en un sendero de rocas sueltas. Me sentía más presente, más "afilada".
Esta búsqueda de equilibrio es similar a lo que busco cuando escribo sobre nutrición para la claridad mental en carrera según mi curso de formación, donde exploro cómo la química interna dicta nuestras decisiones en la montaña.
Semana 6: Cuando la teoría se encuentra con la fatiga real
Después de seis semanas siguiendo el plan de nutrición del curso, tuve mi primera prueba de fuego. No fue una carrera oficial, sino una salida larga de domingo. El clima estaba pesado, de esos días en que la niebla en Ambato no te deja ver ni a dos metros. Me preguntaba por qué no podía decidir si saltar o rodear una piedra simple, mientras mis pies se sentían extrañamente ajenos a mi voluntad. En ese momento, en lugar de frustrarme y pensar que mi mente era débil, recordé las lecciones sobre la fatiga del sistema nervioso central.
No era que no quisiera correr; era que mi sistema nervioso estaba agotado. El Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva me dio las herramientas para entender que ese día necesitaba más electrolitos y una recuperación específica, no más discursos motivacionales frente al espejo. Fue un alivio dejar de culpar a mi carácter por algo que mi cuerpo simplemente no podía procesar en ese momento.
Si sientes que tu problema es más profundo y tiene que ver con cómo procesas el estrés de la competencia, quizás te interese leer sobre mi progreso con el curso entrenamiento mental deportistas en alta montaña, que es el complemento perfecto para cuando la nutrición ya está bajo control.
Reflexiones de una amateur en las faldas del volcán
No voy a mentir: hubo una semana en mayo donde todo esto se fue al traste. Entre una entrega pesada de textos para un cliente y un resfriado mal curado, terminé comiendo lo que encontré y saltándome los entrenamientos. El resultado fue un regreso a la montaña sintiéndome torpe, lenta y, sobre todo, mentalmente nublada. La claridad mental en el trail running no es un interruptor que enciendes y ya; es una práctica constante de química y voluntad.
Para quienes corremos por placer pero queremos hacerlo con seguridad, entender la concentración en trail para evitar caídas en bajadas es vital. Y esa concentración empieza en la cocina, mucho antes de amarrarse las zapatillas a 3000 metros de altura.
A veces, como amateurs, nos enfocamos demasiado en el equipo: que si los bastones de carbono, que si los zapatos con mejor agarre. Pero el mejor equipo que tenemos es ese procesador de 1.5 kilos que llevamos dentro del cráneo. Si te interesa darle el combustible que realmente necesita para dejar de dudar ante cada raíz, te recomiendo echarle un vistazo al Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva. No te va a convertir en una corredora profesional de la noche a la mañana, pero al menos te ayudará a que, la próxima vez que estés frente a esa raíz húmeda en el Tungurahua, tus pies sepan exactamente qué hacer sin que tu cabeza tenga que pedir permiso.
Al final, la montaña siempre está ahí, imponente a sus 5023 metros de altura, recordándonos que somos pequeños. Pero con la mente clara, esos senderos técnicos dejan de ser un suplicio y vuelven a ser lo que siempre debieron ser: un juego.