
Una mañana de neblina en las faldas del Tungurahua, me detuve a mitad de una subida no porque me faltara el aire, sino porque me sobraba apatía. Mis piernas funcionaban, estaban fuertes después de meses de entrenamiento constante, pero mi cabeza se había quedado en la cama, atrapada entre las sábanas y el cansancio de una semana intensa de UX writing. El frío de los 2580 msnm de Ambato suele despertarme, pero ese día solo sentía el peso de una rutina que había perdido su color.
Aclaración antes de seguir: en este cuaderno hay enlaces de afiliado. Si decides comprar un programa entrando desde ahí, Hotmart me da una parte de la venta; tu cuenta queda igual, ni un dólar de más. Yo escribo aquí sobre cursos que pagué y probé en mis propias rutinas de entrenamiento durante semanas seguidas, como el programa de rendimiento mental que mencionaré. Nota: si lo que sientes va más allá de la falta de motivación para entrenar —tristeza persistente o ansiedad fuera de la pista— por favor habla con un profesional de salud mental, no con un curso. Yo no soy psicóloga ni entrenadora, solo una corredora que busca respuestas en su propia bitácora.
El muro que no era de asfalto (fines de enero)
A fines de enero, después de haber completado mi tercera media maratón —esos 21.0975 km que antes me parecían una odisea y ahora eran 'solo un trámite'—, me di cuenta de que algo andaba mal. Había cumplido los tiempos, pero el disfrute había desaparecido. Correr se sentía como una extensión de mi trabajo: una lista de tareas que tachar, un flujo de usuario que optimizar, pero sin alma. Me encontraba mirando el reloj deportivo cada dos minutos, frustrada porque mi ritmo no bajaba, ignorando por completo el paisaje andino que me rodeaba.
Fue entonces cuando entendí que mis objetivos estaban mal planteados. Me había enfocado tanto en el 'qué' (la distancia, el tiempo, la medalla) que había olvidado el 'cómo'. La fatiga cognitiva, esa que arrastramos los que pasamos ocho horas frente a una pantalla diseñando interfaces, reduce la tolerancia al esfuerzo físico incluso cuando nuestros niveles de glucógeno son perfectos. Mi cuerpo podía correr, pero mi mente estaba agotada de procesar datos.
Dejar de contar kilómetros para empezar a contar momentos (mediados de marzo)
A mediados de marzo decidí que necesitaba un cambio de arquitectura en mi entrenamiento. Comencé a investigar sobre la psicología deportiva amateur y me topé con el concepto de objetivos de proceso. A diferencia de los objetivos de resultado, estos no dependen de factores externos o del azar del clima; dependen enteramente de mi atención.
Para darle estructura a esto, me inscribí en Entrenamiento Mental Para Deportistas. Lo que me atrajo no fue una promesa de ser élite, sino su calificación de 5.0 basada en usuarios reales que, como yo, buscaban algo más que sudar. Empecé a aplicar una técnica sencilla: en lugar de salir a 'correr 10k', mi objetivo mental era 'mantener la atención en la respiración durante las subidas de ceniza'. Si lo lograba, el entrenamiento era un éxito, independientemente de si el cronómetro decía que era más lenta que la semana pasada. Esto es fundamental para mejorar el rendimiento mental entre el trabajo freelance y el trail running, donde la mente ya viene fragmentada por las notificaciones.
La técnica que no me sirvió y el cambio de enfoque (hace unas seis semanas)
No todo lo que viene en los cursos funciona a la primera. Hace unas seis semanas, intenté aplicar una técnica de visualización de meta que el programa sugería. Me pedían imaginarme cruzando el arco de llegada con los brazos en alto. Sinceramente, me sentí ridícula. En medio de un sendero solitario, rodeada de olor a eucalipto húmedo y sintiendo el crujido de la ceniza volcánica bajo mis pies, esa imagen de 'victoria' me parecía ajena. Mi realidad no era un podio; era luchar contra el impulso de dar la vuelta y regresar a casa a tomar un tinto.
Lo que sí funcionó fue la gestión de la atención dividida. El curso tiene solo 2 reseñas, pero ambas coinciden en que los ejercicios prácticos son lo que realmente se queda contigo. Aprendí a fragmentar la ruta. El Tungurahua, un estratovolcán activo, no te permite distraerte; un mal paso en la roca suelta y terminas en el suelo. Empecé a establecer micro-objetivos mentales: 'los próximos diez minutos voy a observar solo la textura del terreno'. Esto me ayudó enormemente a superar el muro psicológico en el running de montaña amateur, porque el dolor de piernas pasaba a un segundo plano cuando la curiosidad visual tomaba el mando.
El éxito se mide en pulsaciones en reposo bajo estrés
Aquí es donde mi perspectiva como amateur cambió radicalmente. Solemos obsesionarnos con los ritmos de carrera (los 'splits'), pero he descubierto que el progreso real tras meses de running se mide mejor por tu capacidad de mantener el ritmo cardíaco en reposo bajo estrés cotidiano.
Esa opresión en el pecho que aparece un martes por la tarde al ver el reloj deportivo, dándome cuenta de que mi mente está agotada del trabajo, es el verdadero campo de entrenamiento. Si puedo usar las herramientas de respiración y enfoque que practico en el volcán para calmarme antes de una reunión difícil con un cliente, entonces mi entrenamiento mental está funcionando. Correr en altitud, en ciudades como Ambato, ya es un reto físico; añadirle la carga mental del trabajo requiere una estrategia específica que muchos ignoramos. Puedes leer más sobre esto en mi entrada sobre correr en altitud para el fortalecimiento mental de corredores amateurs.
Un domingo de mucha niebla en el volcán
Hace pocos días, en un domingo de mucha niebla en el volcán, puse a prueba todo esto. No se veía a más de tres metros. En otro momento, me habría frustrado por no poder correr rápido o por no tener la 'foto perfecta' para el recuerdo. Sin embargo, mi objetivo mental ese día era la 'aceptación radical del entorno'.
Acepté el frío, acepté que la humedad me pesaba en la chaqueta y acepté que mis pulsaciones subían más de lo normal. No peleé contra el clima ni contra mi cansancio. Al terminar, me sentí más satisfecha que cuando bajé mi marca personal en 2023. El éxito amateur no es una medalla más acumulando polvo; es recuperar la capacidad de estar presente, incluso en los días donde el volcán no se deja ver.
Si sientes que tu cuerpo está listo pero tu cabeza te sabotea, quizás es momento de dejar de buscar planes de entrenamiento físico y empezar a mirar hacia adentro. El curso de Entrenamiento Mental Para Deportistas es una inversión alta y requiere constancia —nada de ver videos mientras haces scroll en el celular—, pero es la herramienta que me permitió volver a disfrutar de los senderos. No te va a convertir en una profesional de la noche a la mañana, pero te va a dar la estructura para que, la próxima vez que la neblina te alcance, sepas exactamente qué hacer con tu mente. Recuerda siempre consultar con un profesional si sientes que el desánimo te supera en otros aspectos de tu vida; el deporte es una herramienta, pero no la única.