
Eran pasadas las cinco de la mañana cuando la alarma interrumpió el silencio de mi habitación en Ambato. Afuera, la llovizna andina golpeaba suavemente el vidrio, y lo único que podía pensar era en cómo apagar ese nudo en el estómago que me quitaba el hambre. No era mi primera carrera, pero los nervios se sentían como si fuera la primera vez que me amarraba unos zapatos de trail. Mi cabeza, en lugar de estar en modo 'competencia', estaba repasando cada posible error: el terreno resbaladizo, la altitud, o simplemente la posibilidad de quedarme sin aire a mitad de camino.
Antes de seguir, una pequeña aclaración: en este diario comparto enlaces de afiliado. Si compras algún programa a través de ellos, Hotmart me da una comisión sin que a ti te cueste un centavo más. Todo lo que menciono aquí son cursos que yo misma pagué y probé durante mis semanas de entrenamiento en las faldas del volcán Tungurahua. Eso sí, no soy psicóloga ni entrenadora; si lo que sientes es una ansiedad que paraliza tu vida diaria, por favor habla con un profesional de la salud mental.
Cuando los nervios dejan de ser emoción
A inicios de 2026, me di cuenta de que correr se había convertido en una fuente de estrés. Lo que antes era mi escape después de horas de redactar microcopia para interfaces UX, ahora se sentía como una evaluación constante. Me inscribía en una media maratón y, en lugar de disfrutar el proceso, pasaba las semanas previas con una tensión en los hombros que ni el mejor masaje podía quitar. Para un corredor popular, se supone que esto es un hobby, ¿no? Pero mi sistema nervioso no parecía entender la diferencia entre una carrera de fin de semana y una final olímpica.
El problema de muchos consejos que leía en internet es que hablaban de 'visualización positiva'. Me decían que me imaginara cruzando la meta con una sonrisa. Pero para alguien con una tendencia a la ansiedad generalizada, eso a veces es peor. Mi mente respondía inmediatamente con: '¿Y qué pasa si te tuerces el tobillo antes de llegar?'. Necesitaba algo más práctico, algo que hablara el idioma de mis miedos reales, no frases motivacionales de Instagram.
Entrenar la cabeza como si fuera el cuádriceps
Hace unos seis meses, después de una salida especialmente frustrante donde terminé caminando no por falta de piernas, sino por agotamiento mental, decidí invertir en el curso Entrenamiento Mental Para Deportistas. Tenía una calificación de 5.0 y me atrajo porque no prometía milagros, sino ejercicios. Empecé a tratar mi enfoque mental con la misma disciplina con la que sigo mi plan de nutrición (que, por cierto, apoyo con el Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva cuando siento que la fatiga física me gana).
Aprendí que los nervios antes de los 21.0975 km oficiales no son el enemigo, sino energía que el cuerpo prepara para el esfuerzo. El truco no es eliminar los nervios, sino regular el sistema nervioso autonómico. En lugar de luchar contra el nudo en el estómago, empecé a practicar una técnica de 'etiquetado'. Si sentía el corazón acelerado mientras desayunaba un tinto suave antes de salir, me decía a mí misma: 'Esto es mi cuerpo preparándose para la subida'. Parece simple, pero cambia el guion mental de 'estoy asustada' a 'estoy lista'.
Semana 3 - Mediados de febrero
Recuerdo una tarde de lluvia en Ambato, sentada en la mesa de la cocina con mi cuaderno de entrenamiento. Estaba diseñando mi propio 'kit de emergencia mental'. El curso sugería que no esperáramos al día de la carrera para probar estas herramientas. Así que, durante mis salidas largas por los senderos de ceniza volcánica a los pies del Tungurahua (que se eleva imponente a 5023 m), empecé a aplicar el enfoque en el presente. Si mi mente saltaba al kilómetro 18 cuando apenas iba por el 5, me obligaba a notar tres cosas sensoriales: el olor a eucalipto mojado, el peso de mi mochila de hidratación y el sonido rítmico de mis pisadas.
La técnica que cambió mi última carrera
Durante el último trimestre, apliqué algo que el programa llama 'plan de contingencia cognitiva'. En lugar de ignorar mis miedos, los escribí. ¿Qué pasa si me quedo sola en el sendero? ¿Qué pasa si la neblina se vuelve muy densa? Al tener una respuesta preparada para cada 'bug' del sistema, la ansiedad perdía su poder. Ya no era una amenaza desconocida, sino una serie de escenarios con solución. Puedes leer más sobre esto en mi opinión del curso entrenamiento mental deportistas tras semanas de práctica.
Hubo una semana, a finales de abril, en la que nada de esto funcionó. Me sentía pesada, la voz en mi cabeza era demasiado fuerte y terminé cancelando un entrenamiento de series. Me sentí culpable, pero luego recordé una lección del curso: la consistencia mental también incluye aceptar los días de 'caída del sistema'. No somos máquinas. A veces, cuando correr no te motiva, lo más valiente es cerrar el cuaderno y descansar, sabiendo que el entrenamiento acumulado no se va a ninguna parte.
Lo que aprendí al cruzar la meta
Mi última media maratón no fue la más rápida. De hecho, estuve lejos de mi mejor tiempo personal. Pero fue la primera vez en años donde no sentí que estaba peleando contra mí misma durante dos horas. Cuando llegué al tramo más técnico, donde antes solía bloquearme, usé uno de los trucos mentales para subir cuestas que había practicado: dividir la pendiente en micro-objetivos, enfocándome solo en los siguientes cinco metros.
Para nosotros, los corredores populares, el rendimiento mental es lo que nos permite seguir disfrutando del deporte a largo plazo. No corremos para ganar medallas de oro, corremos para sentirnos vivos, para ver el amanecer sobre el valle de Ambato y para demostrarle a nuestra cabeza que tiene mucha más fuerza de la que cree. Si sientes que tus piernas están listas pero tu mente te está frenando, quizás es momento de dejar de buscar la zapatilla perfecta y empezar a entrenar lo que ocurre entre tus orejas.
Si buscas una estructura real y ejercicios que puedas aplicar en tus salidas del fin de semana, te recomiendo echarle un vistazo al programa de Entrenamiento Mental Para Deportistas. A mí me ayudó a entender que los nervios son solo una parte del paisaje, como la niebla en el Tungurahua: están ahí, pero no tienen por qué impedirte ver el camino.