
El café ya estaba frío sobre la mesa de la cocina y el sol empezaba a esconderse detrás de las siluetas de los montes que rodean Ambato. Eran pasadas las seis de la tarde y yo seguía mirando mis zapatillas con una mezcla de culpa y parálisis. Hace unos seis meses, la idea de entrar en el sendero de Pishilata después del atardecer me provocaba una presión fría en el pecho que no tenía nada que ver con el esfuerzo físico. Había corrido tres medias maratones desde 2023, dominando esos 21.0975 kilómetros bajo el sol andino, pero en cuanto la luz desaparecía, mi cerebro se convertía en mi peor enemigo.
Antes de seguir, una pequeña nota de transparencia: en este diario incluyo enlaces de afiliado a programas que yo misma he comprado y usado. Si decides adquirir uno a través de mis links, Hotmart me da una pequeña comisión sin que a ti te cueste un centavo más. Escribo sobre mi experiencia real con estos cursos en mis rutas por el Tungurahua. Eso sí, ten en cuenta que soy una escritora freelance, no una profesional de la salud; si lo que sientes es una ansiedad que te desborda en el día a día, por favor, consulta con un especialista, no con un blog de running.
El momento en que la luz desaparece en Pishilata
Recuerdo perfectamente una tarde de finales de 2025. Estaba en el tramo final de mi entrenamiento y me retrasé. El sol se hundió rápido, como suele pasar aquí cerca de la línea ecuatorial, y de repente, el bosque de eucaliptos dejó de ser un refugio para convertirse en una boca oscura. Me quedé quieta. El olor a eucalipto mojado, que normalmente me encanta, se volvió denso, casi asfixiante. Escuché el crujido de una rama seca a mi espalda y mi pulso se aceleró a un ritmo que mis piernas nunca habían alcanzado subiendo hacia la base del Tungurahua, a pesar de sus imponentes 5023 metros de altitud.
Lo absurdo es que mis piernas sabían qué hacer. Mis cuádriceps estaban fuertes, mis pulmones estaban adaptados a la altura de Ambato, pero mi mente había perdido la referencia visual del horizonte. Esa falta de control es lo que nos mata a los corredores amateurs que, como yo, lidiamos con ciertos rasgos de ansiedad generalizada. Para nosotros, la oscuridad no es solo falta de luz; es una sobrecarga sensorial donde cada sonido se amplifica y cada sombra parece un obstáculo insalvable.
El error de los mil lúmenes: Por qué más luz no es menos miedo
Mi primera reacción fue la típica de quien tiene miedo: intentar comprar seguridad. Gasté una pequeña fortuna en un frontal de mil lúmenes, convencida de que si podía convertir la noche en día, el miedo desaparecería. Fue un fracaso absoluto. Durante las últimas semanas de mayo, salí a probarlo y lo único que conseguí fue sentirme más aislada. La luz era tan potente que creaba un túnel blanco frente a mí, eliminando mi visión periférica y haciendo que todo lo que quedaba fuera de ese haz pareciera aún más negro y amenazante.
Me sentía como si estuviera corriendo dentro de una película de terror de bajo presupuesto. La técnica de "iluminar el miedo" no funcionaba porque el problema no estaba en el sendero, sino en cómo mi cerebro procesaba la incertidumbre. Fue entonces cuando decidí que, si había entrenado mis piernas para aguantar desniveles brutales, tenía que entrenar mi cabeza de la misma forma. Así llegué al programa Entrenamiento Mental Para Deportistas. Me llamó la atención que tuviera una calificación de 5.0 estrellas y, como soy un poco obsesiva con los datos por mi trabajo como UX writer, investigué incluso que la comisión para afiliados era del 36% antes de decidirme a probarlo seriamente.
Semana 3 - Mayo 17: La técnica del ruido visual
Uno de los mayores aprendizajes del curso no fue sobre "ser valiente", sino sobre la gestión de la atención. El miedo al trail nocturno a menudo nace de intentar procesar demasiada información sensorial a la vez. En el curso aprendí a reducir el "ruido visual". En lugar de luchar contra la oscuridad, empecé a practicar la focalización en puntos de control cortos.
Mi diálogo interno cambió. Una noche, mientras el sonido rítmico de mis propios pasos rebotaba contra las paredes de tierra del sendero oscuro, me sorprendí a mí misma pensando: "He pasado por aquí mil veces bajo el sol, el suelo sigue siendo el mismo aunque yo no pueda verlo". Parece una obviedad, pero para alguien con ansiedad, recordarse que la realidad física no cambia con la iluminación es un anclaje poderoso. Esta perspectiva es algo que también exploré cuando escribía sobre mejorar el rendimiento mental entre el trabajo freelance y el trail running, donde la incertidumbre es el pan de cada día.
Empecé a aplicar ejercicios de respiración rítmica para bajar las pulsaciones cuando escuchaba ruidos extraños. No siempre funcionó a la primera. Hubo una noche en mayo donde el viento soplaba tan fuerte que me di la vuelta a los diez minutos, temblando. Y está bien. El progreso mental no es una línea recta hacia arriba; se parece más al perfil de elevación de una carrera de montaña: lleno de picos y valles.
Consejos prácticos que me funcionaron (y los que no)
Si estás en ese punto donde la noche te bloquea, aquí te dejo lo que mi diario de entrenamiento dice tras un mes aplicando los ejercicios del curso:
- No busques el sol artificial: Usa una luz media. Permitir que tus ojos se acostumbren un poco a la penumbra reduce la sensación de estar en un túnel y te devuelve algo de visión periférica.
- El anclaje del suelo: Repite mentalmente que el terreno es el mismo. Si conoces la ruta de día, confía en tu memoria muscular. Tus pies saben dónde están las piedras aunque tus ojos no las detallen.
- Gestión del sonido: Al principio, correr sin música me aterraba porque oía todo. Luego, me di cuenta de que los podcasts me distraían demasiado. Lo ideal fue el silencio o música ambiental muy suave que me permitiera estar presente sin entrar en pánico.
- Entrenamiento progresivo: Empecé corriendo al atardecer, dejando que la noche me atrapara cuando solo me faltaban 500 metros para llegar al coche. Luego 1 km, luego 2 km.
A veces, la fatiga mental viene de otros lados, como la alimentación, algo que noté al revisar mis notas sobre la nutrición para la claridad mental en carrera. Si vas mal alimentada, tu cerebro entra en modo supervivencia mucho más rápido y el miedo se multiplica.
Resultados: Una noche de junio bajo la niebla
Una noche cerrada de junio, la niebla bajó sobre los senderos de Ambato con una densidad que apenas permitía ver a dos metros. Hace meses, eso habría sido el fin de mi entrenamiento. Sin embargo, puse en práctica las técnicas de concentración del programa Entrenamiento Mental Para Deportistas. Me enfoqué en mi respiración, en el tacto de mis pies sobre la tierra volcánica y en mantener la calma.
No corrí rápido. De hecho, fui bastante lenta. Pero la meta no era el cronómetro, sino la ausencia de parálisis. Logré completar mi ruta de 8 kilómetros disfrutando del silencio, algo que me parecía imposible cuando empecé este diario. Si sientes que tus piernas pueden pero tu cabeza te detiene, tal vez sea hora de dejar de comprar equipo caro y empezar a invertir en lo que pasa entre tus orejas. A mí me tomó tiempo entender que la oscuridad no es el enemigo, sino mi percepción de ella.
Si quieres empezar a trabajar esa parte invisible del trail, te recomiendo echarle un ojo a los módulos de gestión de ansiedad y concentración de este programa. A veces, el mejor "frontal" es una mente entrenada para no inventar monstruos donde solo hay árboles. Puedes ver más detalles aquí: Programa de Entrenamiento Mental Para Deportistas.